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Posted by on Dic 6, 2011 in embarazo, Slider | 0 comments

Diez mitos sobre el embarazo

Actualmente la vivencia de un embarazo es muy diferente de la de hace cuarenta años. Los avances en el diagnóstico prenatal y el desarrollo de las técnicas de imagen, sobre todo el de la ecografía, nos permiten responder a muchas de las preguntas que suele suscitar un embarazo y que antes habían de esperar al parto para ser resueltas. Pero la certeza absoluta nunca existe, y quizá por eso, el embarazo sigue inspirando innumerables creencias sin base científica, a veces de lo más rocambolescas.

1. ADIVINAR EL SEXO DEL BEBÉ:

No es de extrañar que una se sorprenda cuando un médico habla de probabilidades y no de certeza ante cualquier diagnóstico, entre ellos, el del sexo de tu bebé. ¿Cómo no vas a extrañarte cuando la vecina del quinto afirma estar totalmente segura de que lo que llevas es una niña por la forma de tu barriga y por la cara afilada que se te ha puesto? Y encima la del cuarto dice que esa mujer falla menos que un ginecólogo, que si ella te contase lo malos que son algunos médicos… Si lo piensas un poco, lo que está bastante claro es que con un 50% de posibilidades de acierto, hasta los pulpos pueden ser videntes. Ojalá acertar una primitiva fuera tan fácil. Las creencias populares atribuyen un vientre más bajo y en pico a los niños, y uno más alto y redondo a las niñas. Pero ni la constitución musculo-esquelética de la embarazada varía con el sexo del bebé, ni la posición del feto es diferente según sea un chico o una chica. Tampoco el género del feto influye en la cara de su madre ni en su propio latido cardíaco.

2. CUALQUIER MEDICAMENTO ES PERJUDICIAL DURANTE EL EMBARAZO:

Equivocarse en el sexo de un bebé no tiene, o no debería tener, consecuencias legales para nuestra buena vecina “de cabecera”, la del quinto. Pero el que incite a una embarazada para que deje de tratarse una hipertensión, una infección de orina o una anemia sí que debería de tenerlas. Hay medicamentos que pueden perjudicar el embarazo y los hay que no. Tomar un medicamento que no necesitas no es malo: es una solemne tontería. Porque para decidir seguir una terapia siempre has de sopesar sus beneficios y sus riesgos (y sin beneficios siempre hay algo negativo, aunque sólo sea su precio). La decisión de seguir o no un tratamiento médico es, por supuesto, algo personal. Pero siempre la ha de tomar la persona que se ha de tratar y en base a una buena valoración, previa información médica, de los pros y contras de la postura elegida y no en la creencia o en la opinión de alguien no documentado ni preparado para ello.

3. CADA EMBARAZO CUESTA UN DIENTE ADEMÁS DEL PELO:

Eso depende de lo que te cuides, pero no sólo en el embarazo, sino en cualquier momento de tu vida. La diferencia que ocurre durante la gestación es que todo tu cuerpo se pone a prueba: todos tus sistemas cambian y funcionan a tope para acoger y alimentar a tu bebé, para hacerle crecer, madurar y nacer de la forma más sana posible. Si no cuidas tu higiene dental, tu alimentación ni tu cuerpo en ese momento de mayor necesidad todo se deteriorará de forma mucho más rápida. El embarazo es un momento estupendo para plantearse llevar una vida más sana. ¿No preparas una habitación preciosa para cuando tu bebé nazca? ¿Y por qué no cuidas la que ocupa ahora?

4. LOS ARDORES INDICAN LA CANTIDAD DE PELO DEL BEBÉ:

Seguro que hay embarazadas que deben creer que van a tener un bebe-lobo a tenor de lo que las quema el estómago. Durante el embarazo, los cambios hormonales y en el sistema digestivo, además de la presión del útero favorecen el reflujo de los jugos gástricos y por tanto la acidez y las malas digestiones. Procura comer ligero y frecuente y no acostarte inmediatamente después de una comida. Y no temas: tu bebé será pelón o peludo en función de sus genes no de tus ardores.

5. SI NO HACES CASO A TU ANTOJO EL BEBÉ TENDRÁ UNA MANCHA CON LA FORMA DEL CAPRICHO NO CONCEDIDO:

Si eso fuera cierto, el mundo estaría plagado de bebés con porches, iphones y tablets tatuadas en la frente. Es frecuente que una embarazada tenga apetencias (antojos) y aversiones por determinadas cosas: su olfato es más sensible de lo habitual debido a los cambios del embarazo. Pero el que te levantes a comer chocolate a las tres de la mañana no evitará que le salga una mancha color café a tu bebé si la combinación única y personal de genes que el azar le ha otorgado así lo ordena. Cómete los bombones si te apetecen, pero recuerda que los ardores serán por eso, no porque tu niño además de lunares vaya a tener la melena del rey león.

6. COMER POR DOS:

“Aprovecha y come por dos, que estás embarazada” suelen decir las abuelas. Durante el embarazo no se debe comer por dos sino PARA DOS. Es decir, no más sino MEJOR. Una embarazada aumenta de peso cada mes. Es lógico: el bebé, la placenta, el líquido amniótico, el aumento del volumen sanguíneo, la retención de líquido, el aumento de las reservas…pero eso no implica más de 12 kilos durante toda una gestación. Un aumento mayor de peso puede ser perjudicial para el embarazo y el parto, y además, no desaparecerá tras ellos.

7. BAÑARSE PUEDE PROVOCARTE INFECCIONES:

Según donde te bañes. Sumergirse en agua contaminada puede producir infecciones tanto a ti como a cualquier otra persona. Bañarse en agua limpia no tiene porqué perjudicarte, todo lo contrario. De hecho, no hay mayor placer y alivio al final del embarazo e incluso durante el parto que un buen baño de agua tibia.

8. LAS RELACIONES Y EL EJERCICIO SON PERJUDICIALES:

Ni las relaciones sexuales ni el ejercicio moderado perjudican al bebé. Si no hay una circunstancia que lo contraindique, es más que recomendable llevar una vida sexual sana y frecuente, así como practicar algún tipo de ejercicio moderado durante todo el embarazo. Estar embarazada no es ninguna enfermedad, ni tampoco debería ser un castigo. Es un momento de tu vida, una situación que la gran mayoría de las veces es fisiológica, natural, voluntaria y feliz.

9. TEÑIRSE EL PELO CAMBIARÁ EL PELO DEL BEBÉ:

Si fuera cierto, seríamos un país de rubios. Lo que si es verdad es que durante el embarazo la piel está más sensible y el tinte que antes utilizabas puede irritarte el cuero cabelludo. También lo está tu olfato y tus bronquios y muchos de los componentes pueden molestarte más. Es mejor que utilices un tinte poco irritante, con menos amoniaco y en una habitación ventilada para evitarlo.

10. EN MI FAMILIA SOMOS DE MALOS PARTOS:

Cada niño es único y distinto, cada embarazo y cada parto lo son también. Tu madre y tú podéis pareceros mucho pero sois dos mujeres completamente distintas. Ojalá se pudiera predecir con fiabilidad que parto será malo o acabará en cesárea. Pero ¿no es maravilloso también el que sea algo tan único, tan diferente, tan natural y tan impredecible?